
martes 27 de octubre de 2009
martes 29 de septiembre de 2009
MÁS DE LO MISMO

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Segunda parte
el más vil es el de atribuir las diversas formas de conducta y carácter a diferencias naturales innatas”. JS Mill
En la entrega anterior hablamos de la tremenda diferencia que existe entre la evolución biológica y la evolución cultural en los humanos. La evolución biológica dotó al hombre, mediante ese proceso azaroso de ensayo y error, de una estructura corporal que lo convertiría no sólo en una criatura terrestre, sino también en un ser aéreo, marino y submarino, que puede vivir en el ecuador o en los polos, en el espacio y, algún día, en otras partes del sistema solar. Gracias a ese órgano prodigioso que es el cerebro humano, se alzó por encima del resto de los animales; se convirtió en el único capaz de entrar a comandar el dominio de la naturaleza, no ya a ser su esclavo, y a agregarle otro elemento a la evolución por selección natural: la selección artificial.
El proceso de selección natural que había operado en los ancestros de los humanos durante millones de años para terminar con el hombre actual, pasó a ser sustituido por uno dirigido por el propio hombre. Así, ya no estuvo a merced de los elementos sino que los empezó a domesticar. Con el dominio del fuego ya se había dado un gran paso en ese camino; la invención de la agricultura y del lenguaje le dio el toque final. Lo que siguió fue un rápido desarrollo cultural, transmitido de forma horizontal (los cambios genéticos se transmiten de forma vertical). Richard Dawkins bautizó a esos elementos culturales “heredables” con el nombre de memes para diferenciarlos de los genes.
La conquista de territorios nuevos obligó al hombre a exponerse a diferentes entornos y a los cambios que éstos traían. A partir del hombre africano, que salió a poblar el resto de continentes, se inició la diferenciación en diversos grupos humanos, etnias o según algunos biólogos y antropólogos, razas. Quienes tenían, por ejemplo, poca expresión de los genes que elaboran el pigmento de la piel pudieron adaptarse fácilmente a zonas donde la luz del sol es escasa. Los genes de la coloración de la piel son los mismos para toda la humanidad; lo que vemos a simple vista en esa variedad infinita de tonos de piel no es otra cosa que la diversidad enorme de manifestación de los mismos genes. Pasa igual con la estatura, el color del pelo, la forma de los ojos, el tamaño de la nariz y claro, la inteligencia.
Con la inteligencia la cosa no es tan sencilla porque, como ya lo hemos dicho, quien comanda ese proceso tan complicado es el órgano más complejo que tenemos, el cerebro, que a su vez es el que más interactúa con el entorno y el que más cambia durante la vida de los humanos. Por esta razón, cualquier análisis que pretenda reducir la inteligencia a unos cuantos parámetros siempre andará cojo. Eso es precisamente lo que les pasa a los autores del libro The 10.000 Year Explosion*. Para ellos la inteligencia es una colección de habilidades y capacidades innatas, fijas y determinadas por los genes.
Veamos algunos de sus argumentos: La evolución biológica del hombre no se ha detenido** sino que por el contrario se ha acelerado en los últimos 4 mil años. Las pruebas que presentan distan bastante de ser contundentes desde el punto de vista de la biología y la genética pero eso no es lo que nos interesa en este momento. Si la evolución biológica continúa, los cambios que ocurren en el mundo civilizado se deben ver reflejados en los individuos. Pues eso es precisamente lo que los autores señalan como su “evidencia”: un grupo de judíos que pobló Alemania, los judíos asquenazí, se han vuelto más inteligentes que los otros humanos.
Cómo se han vuelto más inteligentes los judíos asquenazí? Aquí viene el segundo argumento de los autores: Por un proceso de adaptación a las condiciones exigentes en las que les ha tocado vivir durante generaciones. Porque los judíos asquenazí, desde que se inició lo que se conoce como civilización, fueron los encargados de llevar las cuentas, de entenderse con números. Y por qué lo podían hacer? Porque eran más inteligentes pues habían acumulado mutaciones (resultado de presiones selectivas) que les aumentaron el Coeficiente Intelectual (CI). Porque un labrador o un criador de puercos no estaban a la altura intelectual de un contador o de un usurero, que bastante tenían que darle a la tinta y al papel. Y como ya siendo más inteligentes, más ricos, más prósperos podían tener más hijos y todos sanos, podían pasarle a su descendencia genes cada vez mejores.
Estamos delante de uno de los ejemplos más claros de determinismo biológico y, del barato. Empecemos por el CI. Lo que hoy se conoce, se usa y abusa como medida de un intelecto mayor fue en su origen una prueba diseñada por Alfred Binet para encontrar en las escuelas niños con problemas de aprendizaje. Encomendado por el gobierno francés, Binet hizo su trabajo y construyó una escala para encontrar las diferencias en el rendimiento escolar, muchas de ellas ocasionadas por malas condiciones de nutrición o de descuido en las familias. Recomendó para esos niños más atención y diseñó un método para enseñarles a aprender.
En Estados Unidos, la escala pronto se convirtió en una medida de discriminación y atropellos. Se llegó a decir que los negros habían sido creados por aparte, muy próximos a las bestias, pues sus CI eran bajísimos comparados con los de los blancos. De ahí en adelante sigue toda una historia de abusos de una medida arbitraria, que al final no mide nada pues la inteligencia es una facultad humana tan compleja que reducirla a unas cuantas pruebas no tiene sentido. En rigor, el CI no permite medir la inteligencia porque las cualidades intelectuales no pueden superponerse y por tanto es imposible medirlas como se miden las superficies lineales.
En los años noventa del siglo pasado, salió un libro que causó polémica y estupor en algunos pero que para otros fue una prueba más de la supuesta inferioridad intelectual de los negros. La Curva de Bell***. Llovieron los artículos en libros y revistas de ciencia denunciando la estupidez y la mala intención del libro, porque presentaba resultados amañados, mentirosos o mal interpretados. Críticas y denuncias cayeron en el cómodo vacío de los que ven un mundo mejor sin la presencia “incómoda” de los negros, iluminado con la luz de quienes tienen supuestos CIs más altos y acordes con lo que ellos definen como una raza superior.
Hace un par de años, James Watson, el codescubridor del ADN, puso al día el prejuicio racial con unas declaraciones que le costaron su puesto pero que de igual manera cayeron en el campo fértil de los racistas.
Nunca se podrá demostrar, con datos científicos contundentes, la existencia de genes que marquen diferencias en la inteligencia de los grupos humanos. La especulación sin embargo siempre estará al día, aportando supuestas pruebas de lo contrario. Y, cuando quienes tienen el poder necesiten en qué apoyarse para justificar sus acciones, siempre habrá científicos listos a proveerlos de falsas pruebas.
Que los judíos asquenazí sean más inteligentes porque siendo un porcentaje bajo de la población mundial tengan el número más alto de premios Nobel, según argumentan los autores del libro que miramos, está por verse. De perseguidos en la historia han pasado a perseguidores y gozando de la libertad recién adquirida, algunos de ellos tratan de ponerle un vestido nuevo al viejo y oscuro lastre del racismo. Reducir la complejidad de la historia reciente de la civilización a la acción de un puñado de genes, aparte de ser el ejemplo más rampante de determinismo biológico es por decir lo menos, torpe y un peligroso acercamiento al fascismo.
*Ver entrega anterior
**La evolución darwiniana es un proceso dinámico que sigue en movimiento. Lo que ocurre con los humanos es que el medio ambiente no ha variado tan drásticamente desde que se consolidó el Homo sapiens como para poner a marchar la selección natural. Lo que también puede ocurrir es que el período de tiempo que estamos viendo es tan ínfimo que no da para acumular nuevas mutaciones.
***Para más información, http://www.hartford-hwp.com/archives/45/index-dfdga.html
martes 15 de septiembre de 2009
MÁS DE LO MISMO

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Ilustración Alejandra Santos
Primera parte
A comienzos de este año salió en Estados Unidos un libro que de inmediato fue un éxito de ventas. Escrito por dos autores, uno venido de la física y el otro de la genética, aunque ambos dedicados luego a la antropología, The 10.000 Year Explosion* es un libro que se mete en los problemas más álgidos de la evolución y la cultura: La evolución biológica de los seres humanos, dicen los autores, no se detuvo alrededor de los 50.000 años que marcaron la salida del hombre moderno de África, sino que al contrario, en los últimos siglos se ha acelerado por los desarrollos culturales de ciertas razas.
Sus argumentos se basan en los cambios que se están acumulando en el ADN humano a una gran velocidad (los cambios estudiados ocurren en los llamados SNPs**) para producir variantes que serán blanco de la selección natural, hecho que para los autores confirma que el darwinismo sigue andando y comandando nuestro futuro como especie. Este razonamiento y diversas consideraciones históricas los lleva a proponer que los judíos asquenazí, sometidos a presiones selectivas (persecuciones) se convirtieron en el grupo humano con más inteligencia, medida ésta por un muy alto Coeficiente Intelectual (CI), que explica su preponderancia actual sobre los otros grupos humanos y su dominio intelectual; la idea de una humanidad única, como el grupo biológico que es, se vuelve tonta y sin sentido para los autores.
Un tema tan complejo como éste amerita una buena repasada a las ideas fundamentales de la evolución humana, del significado histórico de raza, de la validez de las medidas de inteligencia como el CI, del papel limitado de los genes, del determinismo biológico y de la importancia de la cultura comandando los procesos que diferenciaron al hombre del resto de los animales.
El gran paleontólogo y divulgador de la ciencia, Stephen J. Gould, escribió, con la autoridad que le dieron años de investigación de fósiles y miles de artículos publicados sobre el tema: “No ha habido cambios biológicos en los humanos en 40 mil o 50 mil años. Todo lo que llamamos cultura y civilización lo hemos construido con el mismo cuerpo y el mismo cerebro”. Ernst Mayr, tal vez el más grande evolucionista de todos los tiempos remata: “Algo debió pasar para disminuir la presión selectiva drásticamente. Nosotros no podemos escapar a la conclusión de que la evolución del hombre de pronto se paró”
Cuáles son las consecuencias de esta idea capital? Si la evolución biológica, si el cambio físico se detuvo, qué fue lo que nos levantó del piso y nos llevó a la exploración del espacio, la conquista de prácticamente todos los climas de la tierra, el control de las enfermedades, la explosión de las artes?
Una vez conseguida la estructura biológica de los humanos, a través de millones de años de ensayo y error y en un proceso estrictamente darwiniano, estructura que los equipó con los rasgos del hombre moderno que todos podemos reconocer al mirarnos en un espejo y con el cerebro que le permite a usted leer lo que escribo, se inició el gran camino que los separaría definitivamente del resto de animales: La evolución cultural. Ésta, a diferencia de la darwiniana opera de una forma diferente.
En la evolución darwiniana por selección natural, los cambios ocurren al azar, no son buenos o malos, suceden. Lo que los vuelve buenos o malos es el entorno, el medio ambiente; éste, cambiando continuamente decide cuáles alteraciones se avienen mejor, llevando a una ventaja reproductiva que se transmitirá a la descendencia de los favorecidos. Este proceso opera en los genes y se fija por lo que conocemos como selección y adaptación.
Un cambio ocurrido en un organismo sin involucrar al sistema reproductivo, y por ello a los genes, NO se hereda.
La evolución cultural, a cambio, es un proceso dirigido, no al azar. Lo que se aprende en una generación y, se adquiere en una generación, se transmite a la siguiente. El conocimiento acumulado en un grupo humano, divulgado por los distintos medios de comunicación, pasa a ser de dominio general. Las modas son una buena ilustración. Los resultados de la evolución cultural NO se fijan en los genes, se fijan en la memoria cultural de los pueblos. Si, por causa de guerras y desgracias políticas, un grupo humano tiene que abandonar su entorno y vivir en otro diferente, rápidamente las costumbres del nuevo pasan a ser parte de su vida. Sus genes siguen siendo los mismos, su expresión cultural es diferente.
Como los seres humanos son los animales más complejos que habitan la tierra, las interacciones entre evolución biológica y cultural no siempre son tan sencillas como lo hemos escrito. Es indudable que si un niño es educado en un ambiente privilegiado y en su vida adulta continúa recibiendo estímulos intelectuales grandes, sus hijos recibirán un legado más rico en conocimiento que los descendientes de un niño que a penas ha sobrevivido a hambrunas y enfermedades. Sin embargo esto sólo indica una tendencia. Puede pasar que los hijos de mucho bienestar económico se dediquen al ocio y malbaraten su vida y que los hijos que han tenido que batallar sean al final unas personas ejemplares.
Así como el desarrollo de la genética nos ha abierto tantas puertas, entre ellas la de “conocer nuestro genoma”, también nos ha abierto las puertas de la arrogancia y la insensatez. Si bien es cierto que ya es posible seleccionar y descartar en el laboratorio embriones que llevan en sus genes el destino de una enfermedad incompatible con una vida normal, también es cierto que no se podrá hacer lo mismo con la inteligencia, pues sin duda hay cientos de genes, menos un único gen, que participan, en una compleja red de procesos biológicos, en su expresión. Por fortuna y, en contra de los que quisieran hacerlo, no se podrá seleccionar individuos con inteligencias superiores.
Si a esto le agregamos la influencia del entorno, lo que llamamos inteligencia llega a una grado de complejidad tan grande, que lo que tendría que producir, en un ambiente científico serio, sería una aproximación más acorde con el fenómeno y no una tan tendenciosa como la de asumir que existe un grupo humano más inteligente, basada en un parámetro que ya debería estar fuera de uso hace mucho tiempo.
A “una de las falsas medidas del hombre”, en palabras de Stephen J. Gould, el CI, y a su papel discriminante, le dedicaremos la próxima entrega para seguir espulgando el libro que nos ocupa.
*The 10.000 Year Explosion. How Civilization Accelerated Human Evolution. G. Cochran. H Harpending. Basic Books. 2009.
**Ver entrada COMPRE SUS GENES, de noviembre de 2007, en este sitio. Si le aburre buscar, los SNPs son cambios en el ADN en lugares que se llaman polimórficos, es decir que mutan mucho, sin mayores consecuencias en la biología y fisiología humanas, pero que para los nuevos estudiosos de “la rápida evolución genética de los humanos” son ejemplos a pedir de boca para sustentar sus teorías.
miércoles 29 de julio de 2009
AUTISMO: TANTO RUIDO INTERIOR SIN PODER SALIR
Ilustración Alejandra Santos“Me llamo Christopher John Francis Boone. Me sé todos los países del mundo y sus capitales y todos los números primos hasta el 7.507.Tengo 15 años, 3 meses y 2 días. Mi memoria es como una película. Por eso soy realmente bueno a la hora de acordarme de cosas…….. , porque mi memoria tiene una banda olfativa que es como una banda sonora. Y cuando la gente me pide que recuerde algo puedo apretar simplemente el Rebobinar y el Avance Rápido y la Pausa como en un aparato de video. Y no hay botones además, porque todo está pasando en mi cabeza”.
Así cuenta partes de cómo ve el mundo el protagonista de “El Curioso Incidente del Perro a Medianoche”, de Mark Haddon*. El autor, sin ser parte del mundo de la neurobiología consigue escribir una novela contada por un muchacho autista. Una obra de arte salpicada con un gran conocimiento de las dificultades y limitaciones que tienen para funcionar los cerebros de quienes sufren esta enfermedad. Es un logro magnífico de Haddon, una novela novedosa que impresiona y le mete al lector unas ganas inmensas de conocer más sobre esta disfunción cerebral.
El autismo, un nombre general para problemas de aprendizaje y relacionamiento -que van desde leves hasta muy severos- es en gran parte genético. Si de un par de gemelos idénticos uno es autista, existe una probabilidad entre un 80 y 90 por ciento de que el otro gemelo lo sea. Cuando son gemelos no idénticos y uno de ellos sufre autismo, el otro gemelo tendrá numerosas deficiencias de lenguaje y de relacionamiento social. Sin embargo, la incidencia del autismo ha venido en aumento de forma constante en las dos últimas décadas, y por lo tanto no puede explicarse sólo por la genética.
El incremento de casos se debe, en parte, a un mejor diagnóstico y a que muchos niños con leves problemas de aprendizaje y relacionamiento social son diagnosticados como autistas para que puedan acceder a los beneficios médicos y a las terapias adecuadas. Así y todo, cuando los epidemiologistas corrigen los datos eliminando posibles sesgos estadísticos, el número de pacientes se ha triplicado en los últimos 15 años.
Es posible que algún factor ambiental afecte los circuitos neuronales en estos niños, llevando a la inactivación de períodos críticos necesarios para la formación correcta de mapas cerebrales, que son la manera como la información se almacena y procesa en el cerebro. Cuando nacemos, nuestros mapas cerebrales son unos bocetos burdos, sin detalles, indiferenciados. Durante un período crítico, cuando la estructura de esos mapas cerebrales está literalmente formándose con nuestras primeras experiencias en este mundo, el boceto se vuelve detallado y diferenciado.
Lo maravilloso de este proceso es que la plasticidad de la corteza cerebral es tan grande que su estructura puede ser cambiada con el más mínimo estímulo. Los bebés pueden, en el período crítico del lenguaje, adquirir una infinidad de palabras y sonidos simplemente oyendo a sus padres, sin esfuerzo alguno, almacenando la información y haciendo un mapa del lenguaje adquirido. Los adultos aprenden un lenguaje nuevo sin problemas, pero tienen que trabajar para hacerlo, poner atención. Los bebés y niños pequeños lo hacen sin siquiera percatarse, porque la maquinaria de aprendizaje está encendida siempre.
Existen varios Factores de Crecimiento Neuronal cumpliendo diversas labores, una de ellas, la de mantener El Núcleo Basal del cerebro encendido durante los períodos críticos de formación de los mapas cerebrales, labor que le valió la denominación de Sistema Controlador de la Plasticidad. Pero su trabajo se termina cuando los mapas están hechos, poniendo fin a esa época mágica de aprender sin esfuerzo. Sin embargo el núcleo basal puede volver a encenderse si algo nuevo, importante o sorprendente pasa o si hacemos el esfuerzo de poner atención a algo que nos interesa muchísimo.
Todo lo anterior podría explicar la razón de por qué el autismo es una colección de muchos problemas diferentes. En niños con una predisposición genética, este factor de crecimiento neuronal que mantiene el ganglio basal encendido puede ser producido en gran cantidad y de forma prematura. A cambio de cerrar y consolidar sólo las conexiones importantes y selectivas, todas las conexiones se cierran. Los afectados de autismo desarrollan así cerebros hiperexcitados e hipersensitivos que hacen que perciban con intensidades altísimas los sonidos que a un niño normal no lo afectaría, o que no puedan tolerar el contacto físico, aún de los padres, o que eviten el contacto visual porque recibirían tal cantidad de información que encendería prácticamente todo el cerebro, ocasionando una perturbación inmensa.
“Había montones de gente en el tren, y eso no me gustó, porque no me gustan los montones de gente que no conozco y aún lo odio más si estoy apretujado en una habitación con montones de gente que no conozco y un tren es como una habitación y no puedes salir de él cuando está en marcha. Y entonces intenté pensar en lo que tenía que hacer, pero no podía pensar, porque había demasiadas otras cosas en mi cabeza, así que hice un problema de matemáticas para despejarme un poco la cabeza”.
De la misma manera, otras actividades mentales de los cerebros de autistas, los cálculos matemáticos para hablar de lo más conocido, están tan consolidadas que se asemejan a un computador.
Por qué han aumentado los casos de autismo? Ya vimos en este espacio que la explicación amañada del efecto de las vacunas no tiene ningún valor científico (Ver en este espacio la entrada Autismo, Contra toda evidencia). Igualmente, lo que en su momento se conocieron como Madres Nevera, mujeres que no eran amantísimas, se demostró inválido como factor desencadenante del desorden.
Una de las causas puede residir precisamente en que los bebés con alguna alteración biológica en su sistema de almacenar información, registren indiscriminadamente todo el ruido que los rodea, cada vez más alto y recurrente en las grandes ciudades, todas las frecuencias juntas, como cuando sintonizamos un radio y no logramos fijar una emisora. Tenemos ruido continuo, todo el tiempo. Todo suena. Para un bebé con un sistema alterado de producción de factores de crecimiento neuronal, el núcleo basal recibe a diario esa información y todo le entra y se consolida en mapas rígidos y terminados.
Los tratamientos para las diversas formas de autismo podrían buscarse precisamente en ese punto. El cerebro plástico podría reacomodarse para que aprendiera de nuevo a filtrar los sonidos. Uno a uno, por separado. Un trabajo de recuperación largo pero esta vez con más elementos venidos de la ciencia contemporánea, la neurobiología.
*Ediciones Salamandra, 2004
miércoles 24 de junio de 2009
HORÓSCOPOS GENÉTICOS
Ilustración Alejandra Santos

Los análisis del ADN humano dirigidos a establecer una relación causa efecto entre la información de los genes y las enfermedades han resultado más bien desalentadores. Las enfermedades producidas por la disfunción de un gen único son muy pocas; a cambio, el resto de dolencias son el resultado del mal funcionamiento de varios genes, o mejor, de la disfunción de una compleja red de genes. (Para refrescar la memoria, ver Compre sus Genes, en septiembre de 2007 en este espacio).
Lo mismo ocurre con la casi totalidad de los rasgos humanos: altura, complexión, color del pelo y la piel, color de los ojos, tendencia a la obesidad o la flacura, habilidades motoras, tendencias a las adicciones, la depresión, problemas cardíacos y así por delante. Por detrás de cada una de estas características existe igualmente una red de genes funcionando. De ahí que los análisis del ADN que se dedican a trazar un perfil genético de un individuo no puedan producir resultados fiables y válidos científicamente.
Sin embargo, varios laboratorios en Estados Unidos han desarrollado un producto que, vendido a través de la Internet o en pequeñas tiendas, ofrece al consumidor trazarle una guía personalizada, basada en su ADN, sobre lo que tendría que comer, el estilo de vida que debería llevar, los suplementos vitamínicos que debería tomar, para tener una vida sana y sin riesgos. Nutrigenética se llama. Lo que en realidad hacen es darle una lista de las posibles enfermedades que desarrollará, de nuevo y valga la redundancia, sin ningún fundamento científico, puesto que los análisis del ADN están basados en pequeñas variaciones en un único lugar.
Para hacer la prueba basta comprar el Kit., con valores variables entre 300 y 3000 dólares, escupir en el tubo de ensayo recibido y enviarlo al laboratorio. No hay médicos y menos genetistas en medio del proceso. El cliente recibe su perfil nutrigenético.
Quienes ofrecen los servicios de análisis de ADN en la Internet, lo comercializan como una herramienta para ayudar a las personas a ajustar su estilo de vida de acuerdo a lo que indican sus genes; en ese sentido es como si ofrecieran vitaminas y minerales o una guía para aeróbicos y de esa manera no tendrían que sujetarse a las reglas de control de la FDA. Lo que realmente le entregan al cliente es un supuesto diagnóstico clínico para algunas enfermedades. Es ahí donde los organismos del gobierno encargados de la salud entran a ejercer su control.
En el año 2006 una entidad del gobierno de Estados Unidos que realiza estudios para supervisar la calidad de productos relacionados con la salud, GAO (por sus siglas en inglés), fue designada para investigar si los servicios ofrecidos por estos laboratorios tenían valor científico. Para ello la GAO compró pruebas a cuatro laboratorios diferentes en la Internet y creó “clientes ficticios”, enviando para el análisis 12 muestras del ADN de una niña de 9 meses y 2 muestras de un hombre de 48 años.
El ADN de la niña de 9 meses fue dividido y asignado a 12 individuos ficticios, con perfiles de estilo de vida diferentes, todos inventados. Estos fueron algunos de los perfiles:
1. Mujer de 30 años, de peso normal, no fumadora, con dieta alta en grasa, consumo alto de cafeína y sedentaria;
2. Hombre de 70 años, obeso, fumador, con una dieta rica en grasa, consumo bajo de cafeína y sedentario
3. Mujer de 50 años, de peso normal, fumadora, con una dieta variada baja en grasa, consumo bajo de cafeína y con ejercicio físico diario.
4. Hombre de 40 años, de peso normal, no fumador, con dieta variada y alta en grasa, consumo alto de cafeína y con ejercicio físico diario.
12 individuos con sus correspondientes perfiles ficticios y un único ADN.
Con el ADN del hombre de 48 años repitieron el mismo proceso y enviaron muestras de 2 individuos con sus correspondientes perfiles ficticios y un único ADN.
Los resultados del análisis genético de los 14 individuos ficticios, entregados a la GAO por los cuatro laboratorios, indicaron riesgos para diversas enfermedades, entre ellas: osteoporosis, cáncer, diabetes tipo 2, habilidad reducida para eliminar toxinas, presión arterial alta, enfermedad cardíaca y envejecimiento cerebral. Aquí es importante señalar que los laboratorios no ofrecían a los clientes diagnóstico alguno, sino un perfil de estilo de vida de acuerdo a su perfil genético. Lo que la GAO recibió fue una lista de posibles enfermedades, basada en el estilo de vida de los clientes ficticios y no en el análisis genético pues recordamos que las muestras de ADN fueron sólo 2, y una de ellas de una bebé de 9 meses!
Los investigadores de la GAO consultaron con expertos de la medicina y la genética y produjeron un documento que se tituló: Prueba Nutrigenética. Tests Comprados a Cuatro Sitios en la Internet Engañan a los Consumidores.
Hace unos 2 años, en la ciudad de Nueva York y con una fiesta millonaria, una compañía dedicada a trazar perfiles genéticos se lanzó a comercializar su producto en la ciudad. Su nombre, 23andme por lo de los 23 pares de cromosomas que constituyen el genoma humano. La compañía inició labores en California, siendo su cofundadora la esposa de uno de los socios de Google. No hubo tiempo para mucha celebración pues el Departamento de Salud del estado de Nueva York, siguiendo la asesoría de un comité de científicos, decidió prohibirle a la compañía cualquier actividad comercial. Pero como las prohibiciones están para ser evadidas con un buen alegato jurídico, la compañía sigue funcionando y cotizando muy bien en la bolsa de valores.
La compañía (ya tiene varios laboratorios en Estados Unidos) ofrece el análisis del ADN para el diagnóstico de “condiciones clínicas” que, según la misma ya han sido reconocidas por estudios científicos, y de “condiciones que están en investigación” y que por lo tanto no tendrían el mismo valor clínico. A seguir, algunas de estas últimas: adicción a la heroína, desorden bipolar (anunciado como nuevo), cáncer de tiroides, síndrome de piernas agitadas, capacidad de evitar errores, respuesta a los antidepresivos, lactancia de los bebés y la inteligencia, preferencia por ciertas comidas, esquizofrenia, color del pelo, ataque cardíaco, cálculos, gota, memoria (buena o mala), trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad. En total son más de 80.
Los resultados ofrecidos a los clientes, disfrazados o abiertamente con finalidades diagnósticas, se mantienen en el plano nebuloso de establecer riesgos mayores o menores de sufrir enfermedades, que, por otro lado y de una manera seria se pueden obtener en un consultorio médico especializado.
Con los cambios que se están dando en la FDA es posible que se pueda ejercer un control mayor sobre todas esas compañías que en lugar de prestar un servicio serio a la medicina lo que hacen es desprestigiarla. Con comités serios de bioética, la genética tendrá que pelear por el lugar que le están tratando de usurpar los bionegociantes del siglo XXI, astrólogos con bata de laboratorio.
martes 9 de junio de 2009
EL ABORTO: UNA GUERRA QUE NUNCA ACABA
Ann Lohman en la tina de su casaEl asesinato de un médico que practicaba abortos en su clínica de atención a las mujeres es apenas un caso más en la larga guerra que los grupos que dicen defender la vida vienen dando desde hace muchos años. Se llaman grupos pro vida, defensores de las mujeres, protectores del alma y el cuerpo de los fetos, representantes de dios en este mundo, o simplemente anti abortistas.
El asesinato del Dr. George Tiller, en Kansas, es el final de un drama que llevaba años preparándose. Ya le habían disparado dos tiros, uno en cada brazo, con la intención de inhabilitarlo en su práctica quirúrgica. Ya le habían incendiado la clínica. Todos los días, camiones estacionados frente al edificio exhibían fetos gigantes y en distintos niveles de crecimiento, bañados en sangre. Todos los días, brigadas de voluntarios, con el cerebro bien lavado y pagados por organizaciones antiaborto bien financiadas, se dedicaban a insultar a las mujeres que entraban a la clínica. Todos los días, algunos voluntarios lograban convencer a alguna mujer para que se hiciera una ecografía gratuita, en una casa cercana, para hacerle ver y sentir la vida que llevaba dentro y meterle en el cuerpo el miedo necesario para que no fuera ella a convertirse en asesina. Todos los días, hasta que un voluntario decidió más bien pegarle un tiro al médico y acabar de una vez con el mal. Ahora los brigadistas están sin oficio, al menos al frente de la clínica del Dr. Tiller.
Los grupos antiaborto, niegan cualquier conexión con el asesino y uno de sus dirigentes, que había viajado hace años desde California con familia y fanáticos incluidos para establecer su cuartel de guerra al lado de la clínica, tuvo el cinismo y las buenas dotes de actor para declarar “con lágrimas en los ojos”, que el asesino no le hizo ningún bien a la causa, que ellos repudian esos métodos. Ya se sabe que el matón tenía nexos con organizaciones anti aborto, y con él, particularmente. Ahora, después de ir al funeral del médico y a pesar de la protección de la policía, para seguir insultando con sus carteles a la familia y a los cientos de mujeres agradecidas, esos fanáticos ya planean a dónde ir para seguir con su campaña de odio y muerte.
De odio y muerte, porque dicen que defienden la vida sin entender lo que eso significa. No lo entienden porque la vida no es un ente abstracto que anida en la imaginación. La decisión de tener un hijo debería ser un acto responsable. Pero resulta que la mayoría de las veces no lo es, las razones, por millones, como millones son las personas y millones sus problemas y ansiedades y anhelos. Para qué seguir con un embarazo no deseado, resultado de una noche de juerga, de una violación, de un entusiasmo trunco, de un amor acabado? Porque un grupo de hombres solteros, algunos de ellos sin hijos, deciden que así tiene que ser, porque así lo dice la ley divina. Imposiciones atávicas, inventadas por los seres humanos para auto esclavizarse.
Si no, de que otra manera se explica que cuando dos médicos brasileños hicieron la cirugía de una niña de nueve años doblemente embarazada por el padre violador fueran excomulgados? Los condenaron por asesinos de niños. A la niña ni caso y al padre ni juicio.
En la parte alta de Manhattan, en el Bronx, existe una clínica que practica abortos y que está muy cerca de la entrada del metro. En la corta distancia que tienen que caminar las mujeres, o en algunos casos las parejas, son asediadas por jóvenes que con esa sonrisa acartonada de los vendedores de seguros, les ofrecen folletos y atención gratis para el embarazo. La atención es la famosa ecografía disuasoria. “Es nuestra principal arma” dice una de las jóvenes. Al momento se corrige y dice, “nuestro principal instrumento”. Una pareja que iba decidida a la clínica, ella con sólo 15 años, desiste. Un triunfo celebrado con loas al creador.
Y qué de esa niña-madre que a duras penas estará lidiando con su corta vida y experiencia, que tendrá que dejar de estudiar, que tendrá un embarazo difícil porque su cuerpo no se ha acabado de hacer? Quién la va a ayudar con la crianza de ese hijo que había decidido no tener? Cuanta irresponsabilidad junta!
Pero esta guerra del aborto no es sólo de hoy. Viene de siglos.
Ann Lohman fue una enfermera inglesa, especializada en atención a las mujeres (en español no existe el equivalente de midwife, pues se lo traduce como partera, siendo que el oficio, en los países ricos, exige estudios universitarios). Sus servicios abarcaban desde consejería sexual, prevención del embarazo, traer niños al mundo, agenciar adopciones, y por supuesto, practicar abortos. Vivió su vida en una casa enorme en Nueva York, donde atendía por poco dinero a las mujeres pobres y mucho a las ricas. Durante los años dedicados a ayudar a sus pacientes tuvo que ir más de una vez a las cortes y pasó más de un año presa. Nunca pudieron comprobar una sola de las mil acusaciones de mala práctica médica.
Sufrió los hostigamientos y amenazas diarios con tranquilidad, aunque por ser una mujer culta y de lengua afilada contestaba con agudeza verbal y fuerza a los escritos de los fanáticos religiosos en los tabloides.
Sobre el supuesto de que el control natal y el aborto corrompían a las mujeres, Lohman escribió a un periódico: “Será que sus esposas, y sus hermanas y sus hijas, una vez despojadas del miedo, todas se vuelven prostitutas? No puedo entender cómo hombres que son esposos, hermanos o padres puedan darle credibilidad a una idea tan infame y sucia”.
Pero pudieron más el odio y la sinrazón. Amenazada con otro juicio, esta vez mayor, y temiendo hacerle daño a su familia y repetir la cárcel, una mañana de abril de 1878 se acostó en la tina y se cortó el cuello. Tenía 66 años.
martes 12 de mayo de 2009
SERÁ QUE LA CIENCIA VUELVE OBSOLETA LA CREENCIA EN DIOS?
Fotografía Alejandra Santos

Steven Pinker: Sí, si por ciencia entendemos la empresa secular del conocimiento basada en la razón (incluyendo la historia y la filosofía), y no solamente a las personas con tubos de ensayo y batas blancas de laboratorio.
Tradicionalmente, la creencia en un dios era atractiva porque prometía explicar las preguntas más espinosas y profundas acerca de nuestros orígenes. De dónde viene el mundo? Cuál es la base de la vida? Cómo puede el cuerpo crear la mente? Por qué debemos ser seres morales?
Con el paso del tiempo, ha habido una tendencia inexorable: mientras más profunda es nuestra respuesta a esas preguntas, y mientras más entendemos del mundo en el que vivimos, menos serán las razones para creer en dios.
Empecemos con el origen del mundo. Hoy, ninguna persona informada y honesta puede sostener que el universo se hizo en unos miles de años y que llegó a ser como lo conocemos en cosa de seis días (para no hablar de absurdos como que el día y la noche existían antes de la creación del sol). No hay un papel más abstracto para dios que el de ser la figura central del comienzo de todas las cosas. La siempre difícil pregunta “De dónde viene el universo?” podría entonces voltearse a la “De dónde viene dios?”.
Y qué de la fantástica diversidad de la vida y sus ubicuos signos de diseño? En un tiempo era entendible apelar a un diseñador divino para explicar todo. Ya no más. Charles Darwin y Alfred Russel Wallace mostraron cómo la complejidad de la vida podía surgir del proceso físico de la selección natural y luego Crick y Watson mostraron como la replicación de la vida podía explicarse por el mecanismo también físico de la auto división del ADN. A pesar de toda la propaganda creacionista, la evidencia a favor de la evolución es enorme, incluyendo el registro fósil, nuestro ADN, la distribución de la vida en la tierra y nuestra propia anatomía y fisiología.
Para muchas personas el alma humana es como un soplo divino. Pero la neurociencia ha mostrado que nuestra inteligencia y emociones son el resultado de un intrincado y complejo patrón de actividad de miles de millones de conexiones en nuestro cerebro. Bueno, es verdad que los académicos no están de acuerdo en cómo explicar la existencia de las experiencias interiores –algunos dicen que es un seudo-problema, otros que es un problema científico aún no resuelto y otros que puede ser tan sólo una muestra de nuestras limitaciones cognitivas. Aún así, darle nombre al problema con la palabra “alma” no añade nada a nuestro entendimiento.
Las personas pensaban que la biología no podría explicar por qué tenemos una conciencia. Pero el sentido moral humano puede ser estudiado como cualquiera otra de nuestras facultades mentales como la sed, la visión en colores o el miedo a las alturas. La sicología evolutiva y la neurociencia están mostrando cómo trabajan nuestras intuiciones morales, por qué evolucionaron y cómo están organizadas dentro del cerebro.
Esto deja a la moralidad a su propio aire: somos nosotros quienes tenemos que criticar y mejorar nuestras intuiciones morales. Es verdad que la ciencia, en términos generales, no puede decidir entre el bien y el mal. Pero tampoco lo puede hacer cualquier apelación a dios. No es sólo que el dios judeocristiano tradicional apoye el genocidio, la esclavitud, la violación y, la pena de muerte por faltas triviales. Es que la moralidad no puede cimentarse en un decreto divino, menos aún en un principio divino. Por qué dios designa unos actos morales y otros inmorales? Si él no tiene razón alguna sino es un capricho, por qué debiéramos tomarnos sus órdenes en serio? Y si de verdad tiene razón, por qué no apelar a esas razones directamente?
Esas razones no se van a encontrar en la ciencia empírica, pero se podrán buscar en la naturaleza racional que es ejercitada por cualquier sociedad inteligente. La esencia de la moralidad es la posibilidad de intercambio de perspectivas: el hecho de que en el momento que yo busco que el otro me trate de cierta manera (ayudarme cuando lo necesito o no hacerme daño sin razón), yo tengo que estar dispuesto a hacer lo mismo para ser tomado en serio. Esta es la única política que tiene una consistencia lógica y nos deja satisfechos. Y dios no juega ningún papel en esta toma de decisiones.
Por todas estas razones, no es una coincidencia que las democracias occidentales hayan experimentado tres limpiezas grandes durante las pasadas centurias: prácticas bárbaras (como la esclavitud, castigos salvajes y el maltrato a los niños) han disminuido considerablemente; el conocimiento científico se ha incrementado exponencialmente; y la creencia en dios se está desvaneciendo. La ciencia, en el sentido más amplio, está volviendo obsoleta la idea de creer en dios, y nos alegramos por ello.