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martes 18 de diciembre de 2007

CUESTION DE TERMINOS


Este ensayo apareció en la revista Wired y su autor Clive Thompson cedió gentilmente los derechos de traducción a esta bitácora.

Porqué la ciencia sólo triunfará cuando la Teoría de la Evolución sea llamada la Ley de la Evolución
CLIVE THOMPSON*


Los creacionistas y quienes predican el diseño inteligente** tienen una táctica muy eficaz para adecuar los libros de enseñanza de la biología a sus ideas. Colocan un rótulo en la cubierta del libro que dice: LA EVOLUCION ES UNA TEORIA, NO UN HECHO, PARA EXPLICAR EL ORIGEN DE LOS SERES VIVOS.


Para la gente que trabaja en ciencia esta es una maniobra táctica bastante molesta. Si bien es cierto que los científicos se refieren a la evolución como una teoría, en ciencia la palabra teoría corresponde a una explicación de cómo funciona el mundo y que se muestra como verdadera mediante pruebas rigurosas y repetidas.


Pero para la mayoría de personas, teoría significa una posible explicación que se puede usar para, por ejemplo, zanjar una discusión. Puede terminar siendo una manera rápida de diluir un punto de vista serio: “Ah, bueno, eso es tan sólo su teoría”.


Los científicos usan la palabra teoría de una manera específica, el público de otra. Los oponentes de la evolución utilizan muy bien esa diferencia en el uso del lenguaje para manipular el significado de las palabras.

Al final, el verdadero problema de la enseñanza de la evolución no es sobre su contenido científico, sino sobre el lenguaje usado para referirse a ella. Y para pelear esta guerra, es necesario cambiar la manera como se habla del conocimiento científico.


Algunos científicos ya han pensado seriamente en eso. El verano pasado, Helen Quinn inició un ardiente debate entre sus colegas físicos con un ensayo publicado en Physics Today con el argumento de que los científicos soy muy tímidos cuando discuten el conocimiento científico, que son muy precavidos. Aunque tengan un 99% de certeza sobre una teoría, ellos saben que siempre existe la posibilidad de que un nuevo descubrimiento invalide la teoría o la modifique. Por eso cuando los científicos hablan sobre cuerpos de conocimiento bien establecidos (particularmente en áreas como la evolución y la relatividad) siempre lo hacen con cautela.


Este lenguaje, al ser deliberadamente cuidadoso, puede dar origen a malentendidos y con frecuencia a una distorsión en el discurso público. Cuando una persona cualquiera oye frases como “los científicos creen”, ella lo interpreta como , “los científicos realmente no pueden probar esto, sólo lo creen”.


Los cruzados contra la evolución han entendido que el lenguaje es la munición de los conflictos ideológicos. Por eso usan esos rótulos enormes en los libros de biología. Ellos toman la fuerza intelectual del lenguaje científico –su precisión, su cuidado- y la vuelcan contra la ciencia misma.


Tal vez sea un buen momento para un cambio en el léxico científico. Si los antievolucionistas insisten en explotar los malentendidos del público de palabras como teoría y creencia, entonces habrá que pelear. “Tenemos que ser menos cautelosos cuando estemos hablando de conclusiones científicas en las que estemos de acuerdo y en la manera de hacerlas públicas” dice Quinn.


Qué es lo que sugiere ella? Dado que la ciencia es un cuerpo de conocimiento con fundamentos sólidos, hay que dejar de usar la palabra teoría. A cambio se debe revivir un lenguaje exacto y referirse a esos conocimientos como leyes.


Así como con la ley de la gravedad de Newton, las personas entienden intuitivamente que una ley es una regla portadora de una verdad y que debe ser aceptada como tal. Cuando vamos al médico para que nos pongan una vacuna contra la gripe y precisamente contra la última variedad de virus que se ha descubierto, estamos tratando a la evolución como una ley. Porqué no hablar entonces de la ley de la evolución?


Para mayor claridad: si alguien dice “Yo no creo en la teoría de la evolución”, suena casi razonable. Pero si alguien anuncia “Yo no creo en la ley de la evolución” suena tan absurdo como decir “Yo no creo en la ley de la gravedad”.


Es el momento de entender que tal vez nunca va a ser posible enseñarle al público el significado exacto del lenguaje científico. Que nunca se podrá comunicar la belleza, la nobleza del rigor y la cautela que son inherentes a las palabras usadas en la ciencia. El discurso público es inevitablemente político, por eso es necesario divulgar la ciencia en términos claros, de una manera que le permita ganar esa batalla política.


Al menos esa es mi teoría.


Clive Thompson




*Clive Thompson escribe para la revista Wired HYPERLINK "http://www.wired.com/services/referral?messageKey=7a6b01d996bebfe679758657b989401e" http://www.wired.com/techbiz/people/magazine/15-11/st_thompson/

**El diseño inteligente es un movimiento de los defensores del creacionismo para explicar “en términos científicos”, la imposibilidad de que la organización de la naturaleza sea fruto del azar y de la selección natural. N. del T.