Fotografía Alejandra SantosÓdiame por piedad yo te lo pido
Ódiame sin medida ni clemencia
Odio quiero más que indiferencia
Porque el rencor hiere menos que el olvido
Eso, cuatro años máximo, ni unos meses o días más dura el amor. Como la noticia apareció como un comunicado de prensa en el diario mexicano El Universal, lo siguiente y necesario fue ir a la fuente de información en las revistas apropiadas o en las publicaciones de la UNAM, la más prestigiosa universidad (según el diario mexicano) de América Latina y a cuya facultad de medicina pertenece la autora del estudio*.
No fue posible encontrar esa información por ningún lado, pero si muchísimos comentarios y reproducciones de la noticia en los medios. Es que no es para menos, una declaración taxativa de este calibre llama mucho la atención porque está lidiando con el sentimiento que tal vez ocupe el primer lugar en los intereses de las personas.
Porqué se enamoran los seres humanos, qué sucede para que sea una persona determinada y no otra el objeto de adoración. Porqué se han movilizado ejércitos y se han destruido ciudades, se han incendiado castillos, se ha envenenado, se ha matado, se ha llegado a extremos de degradación con el último propósito de conseguir al ser amado?
La literatura, la pintura, el cine, la música tienen un temaso en el amor. Desde las odas elegantes y los poemas hasta los desgarros y puñaladas (reales o imaginarias) de los boleros, las rancheras y los tangos.
Desde hace algún tiempo los científico comenzaron a meterle mano al estudio del amor de una forma más directa; antes del advenimiento de los aparatos de resonancia magnética tenían que contentarse con la anatomía convencional. Pero ahora con la resonancia funcional (fRMI por sus siglas en inglés) que les permite visualizar la actividad de las distintas regiones del cerebro pueden acercarse con bastante precisión a la observación de los cambios ocasionados en él por los diversos estímulos externos.
Uno de los cientos de artículos dedicados a estudiar el amor por arriba y por debajo, usando estas nuevas técnicas, liga el estado amoroso con la parte del cerebro involucrada en el sistema de estímulo y recompensa, lugar donde se encuentran receptores de la dopamina. Esto evidencia nuestra condición de mamíferos, refuerza el darwinismo y es una bella demostración de que la mente y las emociones residen en el cerebro.
Sin embargo, no sólo la parte del cerebro que controla la función de recompensa está involucrada en el amor. El amor no usa un sistema que funcione específicamente para tal propósito. Tal vez de lo que se trate sea de una constelación de redes neuronales que converjan en un sistema de regulación que dibuja algo así como un mapa de combinaciones flexibles y que integra distintos estímulos.
Es posible que en los primeros estados del enamoramiento y la pasión la actividad cerebral de ciertas regiones esté más activa, pero eso no quiere decir que la única condición para que el amor se prolongue más allá de los supuestos 4 años, sea que las conexiones neuronales se mantengan en estado de actividad próxima al delirio o a un estado obsesivo-compulsivo como lo señala la autora del artículo de El Universal.
Otros estudios usando (fRMI) señalan que en los seres humanos la confluencia del deseo sexual, la pasión y el afecto por el ser amado, pueden cimentar las bases de una relación profunda y prolongada. De igual manera, las personas que mantienen relaciones largas y armoniosas muestran exactamente los mismos patrones de actividad cerebral características de los inicios del enamoramiento. Tal vez desaparezcan la ansiedad y la euforia pero es que ningún ser humano puede vivir en un estado continuo de paroxismo.
Al final de cuentas el artículo de El Universal escrito “por un grupo de científicos” no merece tantas líneas, pues no es más que seudociencia; no cumple los requisitos mínimos para ser un estudio serio. El objetivo único para dedicarle tiempo es eliminar el gran riesgo que encierran esas aseveraciones infundadas. Como ya lo hemos hablado en otras ocasiones aquí, no podemos permitir que la biología nos sobrepase, que nos volvamos esclavos de un determinismo biológico, genético o bioquímico.
Si de algo tiene que servirnos el haber disputado la comida con las hienas, haber inventado el fuego, y de ahí en adelante habernos levantado con el conocimiento hasta donde estamos, es para saber utilizar bien las herramientas tecnológicas: la cultura no es un puñado de neuronas o unos circuitos encendidos o apagados, es mucho más que eso.
Porqué 4 años, le pregunté al que siempre está conmigo, estadístico y sobreviviente de casi 8 ciclos de paranoia esquizoide (según son 4 los años del amor). Cada cual mide con su propio metro, me contestó.
*El Universal. Ciudad de México, Marzo 13 de 2008
No fue posible encontrar esa información por ningún lado, pero si muchísimos comentarios y reproducciones de la noticia en los medios. Es que no es para menos, una declaración taxativa de este calibre llama mucho la atención porque está lidiando con el sentimiento que tal vez ocupe el primer lugar en los intereses de las personas.
Porqué se enamoran los seres humanos, qué sucede para que sea una persona determinada y no otra el objeto de adoración. Porqué se han movilizado ejércitos y se han destruido ciudades, se han incendiado castillos, se ha envenenado, se ha matado, se ha llegado a extremos de degradación con el último propósito de conseguir al ser amado?
La literatura, la pintura, el cine, la música tienen un temaso en el amor. Desde las odas elegantes y los poemas hasta los desgarros y puñaladas (reales o imaginarias) de los boleros, las rancheras y los tangos.
Desde hace algún tiempo los científico comenzaron a meterle mano al estudio del amor de una forma más directa; antes del advenimiento de los aparatos de resonancia magnética tenían que contentarse con la anatomía convencional. Pero ahora con la resonancia funcional (fRMI por sus siglas en inglés) que les permite visualizar la actividad de las distintas regiones del cerebro pueden acercarse con bastante precisión a la observación de los cambios ocasionados en él por los diversos estímulos externos.
Uno de los cientos de artículos dedicados a estudiar el amor por arriba y por debajo, usando estas nuevas técnicas, liga el estado amoroso con la parte del cerebro involucrada en el sistema de estímulo y recompensa, lugar donde se encuentran receptores de la dopamina. Esto evidencia nuestra condición de mamíferos, refuerza el darwinismo y es una bella demostración de que la mente y las emociones residen en el cerebro.
Sin embargo, no sólo la parte del cerebro que controla la función de recompensa está involucrada en el amor. El amor no usa un sistema que funcione específicamente para tal propósito. Tal vez de lo que se trate sea de una constelación de redes neuronales que converjan en un sistema de regulación que dibuja algo así como un mapa de combinaciones flexibles y que integra distintos estímulos.
Es posible que en los primeros estados del enamoramiento y la pasión la actividad cerebral de ciertas regiones esté más activa, pero eso no quiere decir que la única condición para que el amor se prolongue más allá de los supuestos 4 años, sea que las conexiones neuronales se mantengan en estado de actividad próxima al delirio o a un estado obsesivo-compulsivo como lo señala la autora del artículo de El Universal.
Otros estudios usando (fRMI) señalan que en los seres humanos la confluencia del deseo sexual, la pasión y el afecto por el ser amado, pueden cimentar las bases de una relación profunda y prolongada. De igual manera, las personas que mantienen relaciones largas y armoniosas muestran exactamente los mismos patrones de actividad cerebral características de los inicios del enamoramiento. Tal vez desaparezcan la ansiedad y la euforia pero es que ningún ser humano puede vivir en un estado continuo de paroxismo.
Al final de cuentas el artículo de El Universal escrito “por un grupo de científicos” no merece tantas líneas, pues no es más que seudociencia; no cumple los requisitos mínimos para ser un estudio serio. El objetivo único para dedicarle tiempo es eliminar el gran riesgo que encierran esas aseveraciones infundadas. Como ya lo hemos hablado en otras ocasiones aquí, no podemos permitir que la biología nos sobrepase, que nos volvamos esclavos de un determinismo biológico, genético o bioquímico.
Si de algo tiene que servirnos el haber disputado la comida con las hienas, haber inventado el fuego, y de ahí en adelante habernos levantado con el conocimiento hasta donde estamos, es para saber utilizar bien las herramientas tecnológicas: la cultura no es un puñado de neuronas o unos circuitos encendidos o apagados, es mucho más que eso.
Porqué 4 años, le pregunté al que siempre está conmigo, estadístico y sobreviviente de casi 8 ciclos de paranoia esquizoide (según son 4 los años del amor). Cada cual mide con su propio metro, me contestó.
*El Universal. Ciudad de México, Marzo 13 de 2008